Para Barcina no es dulce el merengue, sólo la venganza

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Mugitu! Mugimendua

tavaltavelocidadNo hace falta recordarlo, todos tenemos las imágenes en la retina, los tres tartazos que miembros del movimiento de desobediencia al TAV, Mugitu! le dieron a la presidenta foral, señora Barcina. Por cierto, ninguno de sus acompañantes en el acto se dio mucha prisa por auxiliarla. A partir de aquí la señora Barcina ha movido todas sus influencias hasta lograr ver encausados a los tres tartalaris, y a la persona que dio la rueda de prensa, en la Audiencia Nacional con peticiones de cárcel que van de los seis a los nueve años. ¡Ahí es nada!

No voy a entrar a valorar si estos tartazos, un tartazo, son una agresión o no, sino algunas lecturas que podemos hacer de lo ocurrido.

Durante los años de este pasado tsunami inmobiliario, no muchas personas, pero sí las suficientes señalaron las facilidades políticas y legislativas que miembros señalados de la clase política en el poder habían impulsado. Esta misma clase política miró hacia otro lado, y cuando el castillo de naipes se empezó a caer se exculparon achacando la responsabilidad a los mercados y a la voracidad de algunas financieras, estadounidenses, eso sí. De lo ocurrido, facilitado por cambios en las leyes, reducciones fiscales, desregulaciones e incluso corruptelas varias, nadie se ha responsabilizado.

Bien, pues creo que una de las virtudes de la acción de Mugitu! fue llamar la atención sobre una de las responsables de ese otro tsunami de macroinfraestructuras del cual la construcción del TAV en Navarra es uno de los ejemplos más paradigmáticos. La lista de las mismas sería larguísima, tanto aquí como en el resto del Estado, y todas tienen un denominador común: el “pastel” a repartir entre la banca rescatada con nuestro dinero, las empresas constructoras de los “pelotazos urbanísticos” y la clase política de las adjudicaciones fraudulentas y las dobles primas. Y por supuesto la flagrante ausencia de un debate social real sobre su necesidad y utilidad. Es decir, su imposición.

Para que no se nos olvide. Yolanda Barcina, junto con otros muchos miembros de la clase política, es responsable de la construcción del TAV en Navarra. Un nuevo pelotazo revestido como siempre de progreso y modernidad. Un tremendo absurdo en su despilfarrador y agresivo propósito de ahorrar unos minutos, que se ha convertido en un auténtico despropósito al quedar reducido a escasos 60 kilometros. ¿Cabe mayor cinismo? En estos tiempos de amnesia colectiva, señalar con unas tartas a la responsable de este desaguisado es un ejercicio de ortografía, es ponerle los puntos a las íes, es añadirle tres exclamaciones.

En contraste, lo que sí hace falta recordar es que los autores de la acción lo hicieron públicamente (las imágenes de la acción las grabó e hizo públicas el propio colectivo), no trataron de huir e incluso dieron una rueda de prensa en el exterior del edificio. Es decir se responsabilizaron públicamente de lo realizado. Asimismo, iban a dar otra rueda de prensa en Pamplona para reivindicar y explicar las razones de su acción. Lo que fue impedido por la policía Foral que les detuvo cuando se dirigían al lugar en el que se iba a desarrollar dicha explicación. Estas detenciones contrastan de nuevo fuertemente con lo que había ocurrido en Toulouse. Allí solo fueron identificados dejándoles en libertad inmediatamente. Posteriormente se llevaron a cabo algunas diligencias legales que fueron finalmente archivadas. Algo similar a lo ocurrido en otras partes del mundo occidental en donde personajes como Jacques Delors, Helmut Kohl, Bill Gates, Nicolás Sarkozy, Milton Friedman o el alcalde de San Francisco, Willie Brown, fueron “entartados” sin consecuencias penales. La última sentencia por tartazos dictada en el Estado Francés fue de 400 euros de multa por “entartar” a Mr. Raffarin, primer ministro del anterior gobierno. El único caso conocido en que se han pedido penas de prisión fue por el entartamiento al alcalde de San Francisco, conocido por su política de represión contra los sin techo. Los autores fueron condenados a tres meses.

De nuevo esto contrasta escandalosamente con el juicio que se va a realizar el día 18 en el tribunal de excepción que es la Audiencia Nacional, en el cual Yolanda Barcina pide penas de prisión que van de los seis a los nueve años.

Por ello animo a todas las gentes hartas de este expolio de los recursos comunes, insatisfechas con un modelo social depredador del territorio, cansadas de tanta política autoritaria, de guante de seda para unos y mano de hierro para otros, a manifestar su oposición a esta absurda infraestructura y al juicio contra los “señaladores” de una de sus responsables.