LA MALA SERVANEN JIN ESTÁ VOLVIENDO

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Mala Servanen Jin

 Somos trabajadoras de la limpieza en lucha, somos estudiantes a las cuales se niega cualquier perspectiva de independencia de la familia, somos jóvenes trabajadoras precarias sin la posibilidad de ser madres, somos mujeres solas con hijos a cargo amenazadas con desahucios (nos entran a casa sin previo aviso), somos mujeres desempleadas que luchan por tener una independencia a través de servicios sociales que nos reciben con ulteriores juicios y humillaciones, las mujeres que no tienen ciudadanía italiana y venimos repetidamente discriminadas de derechos fundamentales como la salud, somos mujeres que luchan en la cotidianeidad contra violencias institucionales y sociales.

¡Somos las mujeres de la Mala Servanen Jin!

Decidimos construir, junto a la red de compañeras “Ni una menos”, la gran jornada de huelga de el 8 de marzo, “acabándola” primero en la ocupación de la “Casa de las mujeres que luchan”, y en la Zona Rosa después. Para responder a una necesidad social, sin pedir contribuciones o subvenciones, invirtiendo energía, horas de trabajo y recursos, las mujeres de la Mala Servanen Jin han trabajado para recuperar un inmueble de propiedad del ayuntamiento, hace tiempo centro de acogida para inmigrantes y que las Instituciones municipales habían abandonado al degrado y transformado en un vertedero tóxico y peligroso, a pocos metros de un instituto escolar y de la Seguridad Social. Hemos construido un espacio de encuentro, debate, socialización. Un espacio protegido de la violencia donde se habían activado laboratorios contra la violencia social, por el derecho a la salud y el acceso a los servicios, sobre comunicación. Donde ha habido un curso de autoformación sobre la salud en los puestos de trabajo y se había activado una red de encuentro entre operativos sociales. Donde se producía arte y cultura. Donde habían encontrado refugio tres mujeres en riesgo de exclusión, en situación de emergencia.

El 24 de mayo sin ningún preaviso nos desalojaron de via Garibaldi 192. La operación del miércoles con esa arrogancia y bajeza, con saña sobre mujeres armadas solo con la propia determinación, con la violencia verbal de las fuerzas del orden que continuamente nos repetían “eres una puta”, “no te tocamos porque nos das asco”, “tienes que follar más”, “os apañamos nosotros”, “ya sé yo lo que necesitáis”, es una señal que las instituciones municipales quieren dar a toda la ciudad y más. El ataque es al movimiento feminista que combate la crisis. Un mensaje claro, no intentéis levantar la cabeza. La ciudad de Pisa el 8 de marzo ha expresado con fuerza la voluntad de no aceptar abusos, la humillación en los puestos de trabajo, ni la aceptación de condiciones de vida insostenibles. La voluntad de luchar hasta que ninguna de nosotras tenga que renunciar a la propia dignidad. Y este valor, determinación y ganas de rescate es reprimido porque habla a tantas y tantos, porque es contagioso y potencialmente peligroso. Dentro de la Mala Servanen Jin todas juntas hemos encontrado la fuerza de afrontar las violencias cotidianas, reconociendo nuestra diversidad y la potencia que podemos demostrar unidas. Hemos dicho “atrás no volvemos” porque no podemos permitirnos la rendición, no podemos permitirnos demostrar que el poder autoritario, sordo y arrogante gane así, no podemos permitirnos que la esperanza en la lucha y la autodeterminación pueda ser barrida así de fácil.

No podemos permitirlo por nosotras mismas y por todas las mujeres que solas, todavía no tienen la fuerza de rebelarse a los acosos.

El 8 de marzo, el 24 de mayo, hemos gritado con toda nuestra fuerza sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas, decidimos nosotras, atrás no volvemos, NI UNA MENOS!

Y así será, todas y todos nos reapropriaremos de la Mala Servanen Jin, invitamos a todas y todos a que nos apoyen como puedan, física, virtualmente, con comunicados, videos, con sus propias posibilidades.

Porque lo que tenemos que demostrar es que ninguna se queda sola, ninguna se dobla, a ninguna se la calla o se la humilla, que nos podemos reapropiar la posibilidad de reinventar, de luchar y de construir una sociedad diferente. Somos marea, seremos vendaval.