Día 7: Melilla

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Constatamos la institucionalización de la indiferencia y de la crueldad. Preocupadas por el impuesto margen de seguridad de nuestra ficticia comodidad, en algunos casos, y por un racismo y xenofobia sin ambages, en otros, se asienta la normalización de la explotación, de la exclusión y del horror.

Se puede vivir con los ojos cerrados ante esta realidad tan brutal y feroz? Se puede jugar plácidamente al golf frente a un centro de internamiento de personas migradas, compartiendo espacio con las palmeras decorativas, las vallas y las cuchillas?

En otra vuelta de tuerca del sistema, se asienta el miedo, simple, abrumador y elemental, y junto a él la insensibilidad y la barbarie.

En este breve pedazo de tierra africana, a diario mujeres transfronterizas son humilladas y explotadas. Trabajadoras sexuales de las que apenas tenemos datos, quedando aún más invisibilizadas. Trabajadoras del hogar, sin contratos, con sueldos miserables y expuestas a todo tipo de abusos. Porteadoras, ejes esenciales del denominado "comercio atípico", contrabando permitido, sin derechos laborales, soportan agresiones verbales y físicas también por las fuerzas policiales, arbitrariedad permanente... Mujeres resistentes y luchadoras, muchas de las cuales en sus rutas migratorias sufren violencia, agresión, explotación y acoso sexual.

Como nos mencionaba el policía nacional que nos atendió en nuestro cómodo paso fronterizo desde Nador, un nuevo símbolo de las desigualdades e injusticias planetarias, "ya sabemos que aquí (en España) no se cumple la ley ni se respetan los derechos humanos pero como en todo el mundo, no?". Y mi cabeza instintivamente acudió a Hertzainak "estamos trabajando por su seguridad, por la seguridad de todo el pueblo (...). Muchas gracias, muchas gracias".

Ahötsa.info: Gran manifestación de la caravana Mugak Zabalduz en Melilla (ver video)